El ego, un problema que podemos controlar



Nuestro ego tiene la capacidad de influirnos en todas las decisiones que tomamos y en las acciones que determinan nuestro destino. Podemos llegar a ser esclavos de nuestro ego sin darnos cuenta.


Aprender acerca de la relación que mantenemos con él es imprescindible para tomar conciencia de cómo nos influye y lo fácil que resulta caer en su dominio.



¿Qué es el ego?



El ego es el yo venido a más, por decirlo de alguna forma. El “ego negativo” es el yo tratando de resaltar su individualidad al hacer de menos a otros, dominarlosacaparar todo para sí, incluso dañar.


Una de sus características es el miedo. El miedo a no ser amado, a no ser aceptado, a no ser integrado, al futuro, a lo que pueda ocurrir. Actuamos desde el ego cuando estamos tensos frente al otro, porque significa que estamos (de alguna manera) defendiéndonos, protegiéndonos o generando corazas (¿te suena esto en tus discusiones?).


Otra característica del ego es la avidez, el deseo. La sensación constante de que “algo falta”. Y en eso se basa nuestra cultura actual, el consumismo es eso. La mayoría no lo sabe, pero el ego nos afecta día a día en nuestra relaciones laborales y personales. Así, “el egoísmo es una actitud que satisface al ego y que rechaza la compasión.



Ego positivo



¿Qué hay que hacer entonces para contrarrestar este ego? Ser honrado, sincero y honesto. Actuar desde el amor y la compasión, y desde la generosidad. No es broma y no soy un libro de autoayuda, es la verdad: para utilizar el ego de forma positiva debe ir acompañado de autoconocimiento e inteligencia emocional. Es decir, se trata de conocer nuestras capacidades y habilidades (igual que nuestras debilidades) y de escuchar y comprender a los demás.



7 pasos para controlar tu ego y ser feliz



Aquí te dejamos siete recomendaciones para ayudarte a evitar la parte negativa del ego. ¡Toma nota!


1. No te sientas ofendido


Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres… ¡Es tu ego en plena acción! Pero “lo que te ofende sólo contribuye a debilitarte”. Sentirte ofendido crea la misma energía destructiva que te ofendió y lleva al ataque, al contraataque y la guerra. Como dicen por ahí: “no te ofendas, piensa bien y vivirás más tranquilo”.


2. Libérate de la necesidad de ganar


Ganar siempre es una tensión innecesaria. ¿Por qué? Porque, en última instancia, es imposible ganar todo el tiempo. Y si te dedicas a clasificar entre ganadores y perdedores, siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más listo y con más suerte que tú, y te sentirás “insignificante”. Tú no eres tus victorias.


3. Libérate de la necesidad de tener razón


Yo he visto cómo acababan relaciones maravillosas por la necesidad de ciertas personas de llevar siempre la razón. Pero es el ego el que necesita tener razón, no . Tu yo real es bondadoso, cariñoso y receptivo, y está libre de ira, resentimiento y amargura. No seas esclavo de tu ego y ayúdate a ser feliz.



4. Libérate de la necesidad de ser superior


La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Si quieres competir con alguien, hazlo contra ti mismo en una carrera de valores. Céntrate en tu crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en este planeta (para eso es importante dejar de valorar a los demás basándote en su aspecto, sus logros o posesiones: cuando proyectas sentimientos de superioridad, eso es lo que te será devuelto).


5. Libérate de la necesidad de tener más


El mantra del ego es “más”. Y no te engañes: en realidad necesitamos muy poco para sentirnos satisfechos y en paz.


6. Libérate de la necesidad de identificarte con tus logros


No eres tu cuerpo y tus logros. Eres más, mucho más. Agradece las capacidades que te han sido concedidas y la motivación para lograr tus éxitos.


7. Libérate de tu fama


La fama que tienes no está localizada en ti, sino en la mente de los demás y, por consiguiente, no ejerces ningún control sobre ella. “Haz el bien y no mires a quien”, y acepta la responsabilidad de lo que reside en ti: tu carácter. Deja que otros discutan sobre tu fama, ¡no tiene nada que ver contigo!

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