Bitácora de un residente de obra


León, Guanajuato.- En el ámbito de la construcción, la materialización de sueños y proyectos está a cargo de líderes profesionales que utilizan sus conocimientos y su experiencia para la ejecución de tareas determinantes. Su desempeño se basa en velar y garantizar la adecuada realización de las obras siguiendo lineamientos y pautas que definen el éxito. Efectivamente, este artículo habla sobre los residentes.

En sí ¿qué hace un residente? Buscando una definición que pudiera englobar los aspectos generales, un residente es un profesional especializado en conocer la naturaleza de la obra cuya responsabilidad recae en administrar, dirigir, ejecutar y supervisar la construcción de un proyecto.

Para profundizar más sobre el tema, el arq. Omar Castro, residente de edificación en el fraccionamiento Jardines del Río, nos recibió en el desarrollo para conocer los interesantísimos retos que implica llevar estas responsabilidades.

Apenas empezaba la mañana con un intenso sol, cuando el arq. Omar pregunta con una amplia sonrisa al momento de encontrarnos: “¿Estás listo a ser residente por un día?”. La respuesta que él recibió se reflejó en la sonrisa que devolví. Ya con chalecos y cascos puestos nos dirigimos con paso apresurado a la entrada de la obra, la cual, estaba siendo transitada por trabajadores y colaboradores que entraban y salían con material y con vehículos de carga.

“Lo primero que hago, al llegar a oficina, es cargar mi mochila con el programa de obra y con el programa de los avances a realizar durante la semana. También llevo siempre conmigo una niveleta, un flexómetro, mi casco (por supuesto) y mi equipo de seguridad” comenta el arq. Omar al momento de llegar a la zona de construcción de las torres de departamentos.

“Actualmente tenemos dos clústers en desarrollo” continua Omar “Ahora nos dirigimos al de Río Sena donde estamos desplantando tres edificios. Empezaremos a supervisar el que está más avanzado. La mejor herramienta que tenemos como residentes es la vista, ya que a partir de ahí se valida la calidad de la construcción y, en dado caso, a detectar fallas para su corrección inmediata”.

Después de saludar a la cuadrilla de colaboradores subimos al último nivel de la torre para revisar el progreso de la edificación. El arq. Omar me explica muy pacientemente el proceso de construcción y, mientras lo hace, sus ojos van rápidamente de un lado a otro inspeccionado el detalle de los castillos de alambrón, el pegado de los tabiques, el colado de la loza y la limpieza del lugar.

“Nosotros cuidamos que los procesos, que vienen desde la cimentación, estén bien. Una vez que ésta se realiza, se empiezan a desplantar los muros y se cuela la loza. Posterior entra el paquetero de albañilería. Mientras se comienza con el levantamiento de los muros del siguiente nivel, en este piso se trabaja con los repisones, con las jambas para puertas, se colocan los lavaderos, se hacen los aplanados, etc. Después viene el proceso de yesos y, terminando, viene el tirolero. Es decir, el término de un proceso le da luz verde al siguiente” explica el arq. Omar entusiasmado.

Después de realizar verificaciones en el edificio en el que nos encontrábamos, seguimos caminando por la zona de construcción en dirección al edificio que recién empieza a levantarse. El arq. Omar confiesa que los residentes también son certificadores ya que realizan las gestiones necesarias para asegurar que todo lo relacionado con la obra sea correcto.

Al momento de entrar a los edificios en construcción, te das cuenta de la gran sincronización y coordinación que debe haber entre las cuadrillas de colaboradores. Ahí es donde se evidencian que la programación, la ejecución y la inspección se convierten en una sola estrategia y que, a fin de cuentas, es la adrenalina que mueve y motiva a los residentes.

“Uno de los factores que más tenemos que considerar es la gente” menciona de repente el arq. Omar “La fuerza de trabajo es la que más nos importa. No valdría de nada tener el material si no existe personal. Es por eso que son prioritarios los canales de comunicación adecuados con los trabajadores para mantener compromisos que nos lleven al mismo objetivo” puntualiza mientras nos dirigíamos a la zona de construcción de viviendas.

La resolución de problemas en la obra es una actividad que se presenta día a día. En las horas que estuve acompañando al arq. Omar, surgieron tres situaciones que requerían atención inmediata. Al escuchar la manera en cómo las resolvía, continúo agregando a mi lista mental las características que cumple un residente: liderazgo, empatía y estrategia.

El arq. Omar también me explica los procesos de los sistemas sanitarios e hidráulicos; las características de los tabiques que se utilizan en las viviendas, su modo de instalación y los procesos de calidad del concreto. También menciona la herrería, la impermeabilización, la pintura y los paquetes de albañilería incluyendo siempre la validación de la calidad de los trabajos.

Se acerca la hora de terminar el recorrido. El sol sigue siendo inclemente, pero sin desmotivar el esfuerzo de los colaboradores en obra. Para ese entonces, nos encontramos en la azotea de una vivienda. “Es muy gratificante ser residente” comienza a decir el arq. Omar “El reconocimiento hacia nosotros mismos como equipo me causa mucho orgullo. Es increíble la unidad que existe y más por el apoyo que nos tenemos” termina puntualizando.

La visita a obra en el fraccionamiento Jardines del Río ha acabado. Le agradezco al arq. Omar por la importante información que compartió y, sobre todo, por la gran disposición que mostró en todo momento. Viviendo un poco la vida laboral de un residente, me doy cuenta de los retos que deben enfrentar, pero más importante aún, de la habilidad para resolverlos.

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