¡Contagiemos optimismo!


Con frecuencia queremos ayudar a un amigo o familiar, dándole ánimo frente a una adversidad, pero no siempre es sencillo. A veces transmitir optimismo o tratar de contagiarlo puede ser visto como una fantasía de quienes no tienen bien puestos los pies en la tierra. “Demasiado positivismo”, lo califican algunos.

No obstante, compartir el optimismo e inspirar a otros tiene un gran beneficio: cuando motivas a otras personas cultivas tu propia motivación. Cuando le haces agradable la vida a otras personas, haces inspiradora tu propia vida.

Con esto en mente, te propongo estas ideas para entusiasmar a otras personas y para recargar con energía positiva tu propio tanque emocional:

1. La motivación es una consecuencia de tener claras las metas y las prioridades. Por lo tanto, para motivar a otros o a uno mismo hay que comenzar por precisar o refrescar esas metas en el mediano y largo plazo.

2. Piensa en el optimismo como un músculo que se puede entrenar, desarrollar y fortalecer. Es un acto racional de autoconocimiento que tiene especial valor cuando enfrentamos obstáculos.

3. Cuando escuchas a alguien de manera muy atenta y sincera, esa persona se siente valorada y apreciada. Esto es fundamental para su autoestima y confianza en sí mismo. Se llama escucha empática cuando uno logra ponerse de verdad-verdad en el lugar del otro, y es un pilar clave para la motivación.

4. Tienes más posibilidades de contagiar optimismo frente a situaciones específicas. Cuando planteas razones generales para motivar a alguien, es difícil que esa persona las vea relacionadas con su situación personal.

5. Por supuesto, los gestos son fundamentales, pero el lenguaje es la plataforma principal para transmitir optimismo a otras personas. Por ejemplo, es más fácil que se motiven a levantarse y persistir, hablándoles de las oportunidades del presente y del futuro que de los errores o fracasos del pasado.

6. A veces se puede motivar a muchas personas a la vez, sobre todo si previamente se ha cultivado mucha confianza con ellas. Es una de las virtudes del liderazgo. Pero para llegar hasta ahí, es indispensable ocuparse del proceso individual de la motivación, trabajando con cada uno que se desea influir.

7. Las pequeñas acciones son muy poderosas a la hora de necesitar grandes cambios de actitud. En este sentido, halagar las virtudes y fortalezas de las personas produce gran satisfacción y entusiasmo.

8. A menudo nos desanima recordar y pensar en una situación triste, compleja o irreversible. Así que podemos salir de ese estado emocional cultivando el buen sentido del humor, con actividades que nos hagan sentir lo contrario, como una película, un libro, una canción, o dejando que los amigos nos cuenten historias gratas y divertidas.

9. Una gran fuente de motivación surge cuando aprendemos a convivir pacíficamente con los errores y las imperfecciones. Esta visión de las fallas nos proporciona el optimismo necesario para no abatirnos o cargarnos con demasiado negativismo.

10. Reorientar la reflexión puede ser un gran punto de partida para el optimismo. En vez de cuestionarnos sobre las razones que originaron el desasosiego, podemos invertir más tiempo en preguntarnos qué podemos hacer hoy. Es un excelente motivo para recordar y conectarnos con los buenos momentos de logros y con nuestras fortalezas.

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